22 enero 2012

Foco




Miro el muro y mi obsesión se vuelve rígida, como si fuese una estructura capaz de doblegarme sin siquiera moverse de su lugar.

Ejecutoria de mi perjuicio: logra que deje de mirar.

Entonces miro el piso ¡Qué más da!

Me retuerzo el alma, giro el cuello, y enfoco al tan poquito infinito

Hacedor de mis absurdos: nunca supe dónde está.

Ciertamente me aburre la idea de ‘inmensidad’, me obliga a bostezar, a cerrar mis ojos por un  fugaz momento, quizás por dos momentos... o tres, o cuatro capaz...

¡Cinco minutos más!


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